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jueves, 15 de noviembre de 2012

Memoria/Cr​uz

 
Francisco Pimentel - La Voz de Ronda > 10.11.2012
El pasado día 1 durante el homenaje floral anual uno de mis pensamientos era el relato que he tenido de una rondeña que vivió los trágicos acontecimientos del 1936:
 
“Pues ya mi madre no tenía miedo y todos los días iba al cementerio a visitar el sitio donde fue enterrado mi hermano. Aquello era un pedazo de campo detrás del cementerio, allí abrieron unas cuantas fosas y los echaban allí cuando los afusilaban, unos encima de otros y allí metieron a miles de criaturas inocentes.
 
Mi hermano tenía un amigo y vecino de la calle que trabajaba en el cementerio. Este muchacho se llamaba Luis Navarrete y cuando vio que entre los afusilados estaba mi hermano entonces le quitó el reloj, la petaca de tabaco y el mechero y lo enterró encima de todos y le puso una señal. Cuando le entregó a mi padres sus cosas y le dijo la señal y el sitio mi madre iba todos los días y le quitaba las hierbas y le ponía flores.
 
Entonces el Ayuntamiento ordenó que ese pedazo de campo donde había tantas criaturas lo rodearan con un muro y le pusieran una puerta para que allí no entrara nadie, pero resulta que uno del Ayuntamiento tenía ovejas y se servía de aquello para encerrarlas de noche, las hierbas salían por lo alto del muro y como cerraban la puerta ya mi madre no podía ir.
 
Entonces, otro amigo de mi hermano que trabajaba en el Ayuntamiento, Manolo Aznar, mi madre fue a verlo y le contó lo que pasaba. Este muchacho se fue directamente a la Policía y se interesó mucho porque abrieran la puerta y limpiaran aquello.
 
Mi madre mandó hacer una cruz de madera y se la clavó en el sitio donde mi hermano fue enterrado y le ponía sus flores, pues ya se aproximaba la fiesta de Los Santos y la gente iban y echaban flores.
 
Entonces la Guardia Civil le llamó la atención a mi madre porque le había puesto una cruz al sitio de mi hermano sin pedir permiso.
 
Mi madre le dijo que los que había allí eran criaturas que no eran animales, asín que fue de nuevo a ver al amigo de mi hermano, y este muchacho se ocupó de nuevo y el Ayuntamiento puso un letrero que decía que se podía cuidar, poner flores y cruces y que fuera respetado y no encerraran animales y tenía el sello del Ayuntamiento. Ya mi madre le mandó hacer a mi hermano una cruz de mármol con su fotografía dentro.
 
La mandó hacer a otro amigo de mi hermano que tenía una fábrica de ladrillo y materiales de construcción, este amigo de mi hermano se llamaba Miguel Puya que a veces mi hermano también trabajaba con él, asín que le hizo esa cruz y se la regaló para mi hermano. Asín que esa cruz la clavó en el sitio para siempre.
 
Después el cementerio era pequeño y decidieron correrlo con este corral, que eso parecía, asín que echaron cemento encima de las fosas y lo rodearon de bóvedas y hoy es un patio santo como los otros y esa cruz que tanto penó mi madre para ponerla mismo que echaron cemento nadie le tocó y quedó allí para siempre.”
 
Francisco Pimentel
Asociación Memoria Histórica de Ronda