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domingo, 19 de abril de 2015

El pasado oscuro de Torremolinos

Parte del campo de concentración de Torremolinos coincidía con el muro sur del
campo de fútbol el Pozuelo.
Cerca de 4.000 presos del franquismo pasaron entre 1938 y 1939 por el campo de concentración de Torremolinos, un capítulo silenciado de la historia de la ciudad
 
La Opinión de Málaga . María Albarral 19.04.2015 |
La vida de los presos del campo de concentración de Torremolinos era infrahumana. Dormían a la intemperie haciéndose hueco en la tierra, soportando lluvias, sin letrinas ni servicios médicos. A muchos los mataron y otros tantos murieron por enfermedad. Un capítulo triste que guarda la ciudad costasoleña
 
A la intemperie, sin letrinas, rodeados de una alambrada y durmiendo en la tierra sin nada para guarecerse. Así vivieron los cerca de 4.000 presos del franquismo en el campo de concentración de Torremolinos, un recinto del horror que estuvo funcionando más de un año, entre 1938 y 1939.

Muchos vecinos no conocen este capítulo oscuro de su historia que ha estado silenciado durante años. El investigador Carlos Blanco lo descubrió casi por casualidad.
 
«Estaba estudiando la influencia de la Segunda República en los pueblos de Málaga cuando me encontré un recorte de prensa que me llamó la atención. Dos hombres murieron en un accidente de tren camino de Campanillas cuando regresaban del campo de concentración de Torremolinos a sus casas», apunta el historiador.
 
Fue entonces cuando Blanco empezó a investigar el tema y descubrió este episodio de la historia torremolinense que refleja en alguno de sus libros y en la web www.historiatorremolinos.com.

Por su parte, el Foro por la Memoria Histórica de Málaga tuvo también conocimiento de este tema a través de los procedimientos sumariales.
 
«Revisando las sentencias de los juicios sumarísimos, donde hasta el abogado defensor pedía la pena de muerte para los procesados, nos dimos cuenta de que muchos de los ejecutados procedían del campo de concentración de Torremolinos», señala Rafaela Torres, presidenta del foro.
 
En cuanto a su extensión, las alambradas comprenderían un rectángulo irregular cuyos extremos lo formarían, hoy en día, la Casa de la Cultura, el muro sur del campo de fútbol el Pozuelo, una parte del parque acuático, las faldas de la loma donde se alza el Palacio de Congresos y, desde allí, en línea recta, hasta el centro de menores Virgen de la Esperanza, en el barrio del Calvario.
 
La vida de los presos
«Las condiciones de vida eran pésimas. A duras penas algunos cavaban en el suelo y podían hacer un hueco que de poco servía si la lluvia era fuerte. Tampoco había servicio médico, por los que muchos morían de enfermedad. Los que tenían más suerte, a mediodía, recibían una latita de sardinas que era lo que tenían para comer», relata Blanco.
 
Sin embargo, muchos vecinos se rebelaron ante esta injusticia y se acercaban a las alambradas para llevarles comida. Las autoridades aceptaban esta cesión puesto que el abastecimiento era difícil de cubrir diariamente y los internos debían trabajar. Ellos fueron quienes comenzaron la construcción de las pistas del aeropuerto de Málaga, según el historiador.
 
«Mi madre me contaba que las mujeres les llevaban comida a los prisioneros entre los alambres de espino. Muchas veces, al día siguiente, algunos ya no estaban y no se sabía más de ellos» asegura la torremolinense Ana Márquez.
 
«Mis padres me decían que desde Santa Clara se oían por la noche los tiros desde la tapia del cementerio, y al día siguiente se comentaba a quiénes habían matado», recuerda Remedios Fernández, vecina de la ciudad.
 
Los momentos más dramáticos tenían lugar cuando,por los altavoces del campo, eran llamados algunos presos, a los que no se volvía a ver más.
 
La poca seguridad del recinto y, sobre todo, los traslados de muchos presos que tuvieron lugar al final de la guerra de la Prisión de Málaga a las de otras provincias, propició la desaparición del campo. Muchos de los presos de Torremolinos pasaron a formar parte, posteriormente, de las colonias penitenciarias militarizadas y de batallones de trabajadores.
 

Las claves

  • Los presos dormían al aire libre donde hacían hoyos en la tierra
    Los prisioneros del campo de concentración dormían a la intemperie y hacían huecos en la tierra para tumbarse. No tenían letrinas y estaban rodeados por una alambrada. Tampoco había servicios médicos por lo que muchos murieron enfermos.
  • Las mujeres de la ciudad se acercaban a llevarles comida
    Muchos vecinos de Torremolinos se rebelaron ante las injusticias del campo de concentración. Las mujeres se acercaban a las alambradas para llevar comida a los presos, ya que sólo disponían de una lata de sardinas al día.
  • Al final de la guerra los presos pasaron a colonias penitenciarias
    Por la falta de seguridad del recinto y el traslado de presos de Málaga, al finalizar la Guerra Civil, desapareció el campo de concentración y los presos pasaron a colonias penitenciarias y a batallones de trabajadores.