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jueves, 26 de febrero de 2015

'Paseo de los canadienses', la dramática huida de Málaga a Almería llega al cómic

Portada de 'Paseo de los canadienses'Edicions de Ponent
 
  • Carlos Guijarro dibuja uno de los episodios más dramáticos de la Guerra
  • “La memoria es la única arma de las víctimas frente a la injusticia”, asegura

RTVE - Jesús Jimenez - 25.02.2015
Estos días coinciden dos cómics sobre la Guerra Civil y la Memoria Histórica realmente destacables: Winnipeg: El barco de Neruda (HotelPapel ediciones) sobre el barco que el poeta botó para salvar a 2.200 exiliados de la República (y del que ya os hablaremos en otro artículo) y Paseo de los canadienses (Edicions de Ponent), de Carlos Guijarro, que narra la “desbandá” de los malagueños que intentaron huir a Almería ante la inminente llegada del ejército Nacional. Uno de los episodios más dramáticos de la guerra que prácticamente hemos olvidado.
 
Carlo Guijarro nos cuenta qué es y cómo descubrió ese lugar: “Fue de un modo completamente casual. En el verano de 2012, caminando por un precioso paseo marítimo denominado “Paseo de los canadienses”, a la altura del Rincón de la Victoria (Málaga), me topé con una placa conmemorativa en honor a Norman Bethune, que hacía alusión a un episodio ocurrido en 1937. Yo tenía referencias de quien era Bethune, un héroe en China, donde murió, pero no sabía que hubiera estado en España y menos aún en Málaga. Me picó la curiosidad y buscando por Internet encontré una escrito del propio Bethune fechado en 1937 titulado El crimen de la Carretera Málaga a Almería.
 
“Y me quedé anonadado –continúa Guijarro-. Bethune narraba allí el éxodo de la población malagueña tras la caída de Málaga el 8 de febrero del 37 y describía lo que sin duda puede considerarse como el episodio más dramático, en términos de vidas humanas, de toda la guerra civil, muy superior al bombardeo de Guernica. Creo que es la primera vez que en Europa se utiliza el terror indiscriminado contra la población civil como un arma de guerra, algo que será habitual poco después. Se ha mencionado muchas veces que la Guerra civil fue el preludio o ensayo de la Segunda Guerra Mundial. Este episodio es un buen ejemplo de ese análisis”.
 
Una masacre que no debe olvidarse
Carlos Guijarro confiesa que “Del relato de Bethune me surgieron dos preguntas: ¿pero esto es verdad? Y si es verdad, ¿cómo es que apenas se conoce? Nadie de mi entorno sabía nada, así que me puse a investigar y comprobé que el tema, por supuesto, aparecía tratado profusamente en la historiografía malagueña, particularmente desde la última década. Pero lo que más me interesó fue descubrir los numerosos testimonios de supervivientes de aquella huida, cuyo relato, estremecedor, no dejaba lugar a dudas de que aquella masacre existió”.
 
“En el cómic –continúa el dibujante- he intentado, por un lado, dar respuesta a esos dos interrogantes y, por otro dar visibilidad a los testimonios de los propios supervivientes, que fueron quienes en realidad sufrieron todo aquello. Elegí el cómic, que es un medio artístico maravilloso, por sus posibilidades narrativas y como una forma de llegar a un público que normalmente no consume historia en sentido convencional”.
 
”La desbandá”
Ese éxodo de los malagueños se conoce en Málaga como “La desbandá” y, como nos cuenta Carlos: “No fue propiamente una evacuación, puesto que ninguna autoridad republicana se encargó de organizarla. Las cifras oscilan entre los cien mil y ciento cincuenta mil refugiados. Los motivos que impulsaron dicha huida son varios: Los testimonios de los refugiados que llegaron a Málaga procedentes de toda Andalucía y que venían contando las barbaridades que cometía el ejército franquista al ocupar pueblos y ciudades y particularmente, los moros. El miedo al moro que viola niñas y le corta los pechos a las mujeres está en boca de todos los testimonios como la motivación principal de la huida. También Las amenazas radiofónicas de Queipo de Llano y el temor a las represalias, Málaga era Málaga la roja”.
 
Un éxodo que pronto se convertiría en un infierno: “La marcha de la población se realizaría a pie y duraría aproximadamente entre 7 y 8 días –nos comenta Carlos-. La mayoría de la gente que huye por la carretera de la costa, la única salida posible, son mujeres, niños y ancianos, el ejército popular avanza desde el interior por un camino paralelo. En su huida cada cual salió con lo puesto y sin una idea clara de lo que les esperaba. En el camino, no recibieron ayuda alguna. Los pueblos por los que pasaban quedaban vacíos, contagiados por el miedo de los que huían, fue un auténtico fenómeno de histeria colectiva. Así que apenas si pudieron alimentarse”.
 
“Afortunadamente –continúa el autor-, en aquel éxodo también hubo un maná: el cañadú (caña de azúcar), que fue el único alimento disponible que los huidos encontraron a su paso”.
 
 
Entre 5.000 y 15.000 víctimas
Un éxodo durante el que fueron atacados, desde el aire y el mar, como nos relata Carlos: “Los ataques de los barcos (los destructores Baleares, Canarias y Almirante Cervera) comenzaron muy pronto, el 8 de febrero al mediodía. Los testimonios de los testigos, niños entonces, hablan de que los barcos se acercaban tanto a la costa que podían distinguir perfectamente a los marineros en las cubiertas; hay que suponer que desde los barcos también distinguían perfectamente a quienes iban por la carretera, que era toda población civil. Día y noche los barcos acompañaron a los fugitivos en su huida disparando sobre cualquier vehículo, camión carro o caballería que vieran en la carretera, o disparaban sobre las laderas de la montaña para provocar desprendimientos de piedras que caían sobre la población”.
 
¡El ataque de los barcos iba acompañado del ataque de los aviones, italianos y alemanes en su mayoría. Aquí no hubo dos ejércitos enfrentados, esto no fue una “guerra entre hermanos” sino una masacre planificada por un ejército regular perfectamente armado contra una población civil indefensa, lo que dejaría toda una secuela de terror en la memoria colectiva de muchos malagueños. No es extraño el silencio de las victimas durante tantos años. No sabemos cuanta gente murió en realidad, los cálculos oscilan entre 5 mil 15 mil pero es imposible contarlos
 
Los olvidados de la historia
Lo peor de todo es que esta tragedia prácticamente haya caído en el olvido. “Un hecho así –afirma Carlos- pone en evidencia lo que es la barbarie fascista y la naturaleza criminal que tuvo el franquismo, al que a menudo se dulcifica y banaliza. El franquismo siempre negó los hechos y es evidente que durante la postguerra fue imposible mencionarlo siquiera. Más difícil de entender fue el silencio de la izquierda. La caída de Málaga puso en evidencia la desunión en el bando republicano, entre anarquistas, comunistas y socialistas. El comportamiento de las autoridades, que dejaron abandonada a su suerte a la población, hacía que no se pudiera denunciar un hecho así sin cuestionarse al mismo tiempo a sí mismos. En cualquier caso, todo contribuía al silencio institucional y político”.
 
“Lo que ocurrió en la carretera le ocurrió a la gente corriente y anónima, aquella que normalmente no aparece en los libros de historia, no hay ninguna figura señera tipo Lorca que de visibilidad a los hechos y Picasso denominó a su obra Guernica y no Málaga. Así pues, esta es la historia de los olvidados de la historia”.
 
Realidad y ficción
Una apasionante historia que Carlos cuenta a través de “los recuerdos de una anciana superviviente de la “carretera de la Muerte” como es conocido este episodio por muchos malagueños, se revive la huida de miles de malagueños tras la caída de la ciudad de Málaga el 7 de febrero de 1937. Perseguidos por tierra mar y aire por el ejército franquista e italiano, sin apoyo ni asistencia alguna, los refugiados huidos, mujeres ancianos y niños en su mayoría, se verán sometidos a bombardeos continuos a lo largo de los siete días que dura su viaje a Almería, causando miles de bajas entre la población civil inocente”.
 
Se trata de un drama colectivo –continúa el autor-, y como tal he querido tratarlo. Obviamente, la familia que sirve de hilo conductor a esta historia es inventada, pero no lo que cuenta, que está basado en el testimonio de los supervivientes de la masacre. En este sentido, se trata más de una historia gráfica que de una novela gráfica; los elementos que pudieran ser inventados son licencias obligadas para la dramatización del acontecimiento histórico. Por supuesto, a un lado están los hechos y a otro la interpretación de esos hechos, pero también aquí he procurado respetar las interpretaciones de los testigos, allí donde he podido”.
 
 
Norman Bethune “el canadiense”
Pero... ¿por qué se llama a ese lugar el Paseo de los canadienses “Norman Bethune (1890-1939) era un reputado cirujano canadiense especializado en las enfermedades de pulmón –asegura Carlos-. Su concepto de la medicina es novedoso para la época, porque abogaba por algo parecido a la seguridad social, “el pobre muere porque no puede pagarse la vida”, “la verdadera enfermedad es la pobreza” decía”.
 
“A España –continúa el dibujante-vino formando parte del contingente canadiense de las Brigadas Internacionales en octubre de 1936. La importancia de Bethune es la de un testigo que cuenta los hechos que ha visto, con la peculiaridad de que es casi el único que lo cuenta. Sin él este episodio se habría quedado perdido en la nebulosa del olvido, donde ha estado sepultado durante más de 60 años. Más allá de las vidas que salvó (hizo un total de 4 viajes, con un camión-ambulancia donde, siendo muy optimista, podría haber evacuado entre 150 y 200 personas)”.
 
“A Bethune le debemos también que acompañara su denuncia con un conjunto de fotografías tomadas in situ. La fotografía tiene un valor de objetividad e impacto, que quizás no tenga la palabra, a la que se puede acusar de tendenciosa y parcial. Norman Bethune ha sido el hilo del que tirar para reconstruir aquellos hechos. Y esa es una deuda que solo muy recientemente ha empezado a saldarse. Hasta 2004, con la exposición La huella solidaria comisariada por Jesús Majada, Norman Bethune era un perfecto desconocido para los malagueños. Con el nombre “Paseo de los canadienses” dado al comic, he querido rendir mi pequeño homenaje a su figura”.
 
El final del camino
Pero… ¿Qué pasó con los supervivientes tras ese sangriento intento de huida. “Entre los días 11 y 12 de febrero –continúa Carlos- se produce la llegada en masa de los refugiados a Almería dónde aun sufrirían un último bombardeo que dejaría numerosas víctimas. Almería, una ciudad de unos 50.000 habitantes, va a ver cómo, de repente, se duplica su población. Sin posibilidad de acogerlos ni alimentarlos, las autoridades temen los disturbios que pueden provocar una población al límite de la extenuación y la desesperación, por lo que casi inmediatamente se organiza la evacuación de los refugiados, de la que se hará cargo el socorro Rojo internacional, con sus dos figuras más destacadas (Tina Modotti y Matilde Landa)”.
 
“Los refugiados –continúa el dibujante- fueron trasladados en trenes y camiones con destino a todo el levante español: Alicante, Valencia, Castellón, Barcelona, donde encontraron toda la solidaridad –y hay testimonios de ese reconocimiento, que no tuvieron durante la huida por la carretera de Málaga a Almería. Finalmente, muchos de ellos, siguieron el camino del exilio en 1939”.
 
“Los refugiados que tuvieron que volver fueron los que sufrieron todo el peso de la represión –añade Carlos-. El simple hecho de haber participado en la huida fue motivo de cargo: ¿por qué huían, si no habían hecho nada? En este caso, sí que tenemos datos precisos de los muertos: 19 000, entre 1937 y 1945, cuatro mil de ellos en 1937. Lo que demuestra que la huida de Málaga estuvo más que justificada. La represión sufrida por la población malagueña se vuelve aún más incomprensible cuando comprobamos que los represaliados eran gentes de escasa relevancia política y sindical, a los que se había animado a volver bajo la promesa de que sin delitos de sangre nada les pasaría”.
 
“En el cementerio malagueño de San Rafael, se encuentra la mayor fosa común de toda la Europa occidental, allí fueron a parar”.
 
Una gran documentación gráfica y literaria
 

 
En el cómic se nota el gran interés y cuidado que el autor ha tenido a la hora de documentarse: “He procurado leer todo lo que hubiera publicado sobre la temática de la Carretera. Me han interesado particularmente los documentos de época, aquellos que se escribieron en el mismo año 37 o en años inmediatamente posteriores, también otros que aunque más reciente fueron escritos por personas que vivieron los hechos. Destacaría, además de al propio Bethune, a Peter Chalmer Mitchell, con su obra Mi casa de Málaga, fundamental, para entender la vida cotidiana en Málaga durante los primeros 7 meses de guerra o Arthur Koestler, quien en sus Diálogos con la muerte, nos dá un dibujo bastante exacto de lo que fue el papel de las autoridades republicanas, pero hay muchos más, Elizaveta Parsina (La guerrillera) Edward Norton (Muerte en Málaga) y T. C.Worsley (Ecos de la Batalla). Este escritor, acompañó a Bethune como conductor de la ambulancia, y su relato es el más extenso y estremecedor que podemos encontrar sobre la carretera”.
 
“Luego –continúa Carlos- están los relatos de los propios supervivientes, alguno de un valor y precisión inestimable, destacaría tres: Ángeles Vázquez León (Un boomerang en Jimena de la Frontera), Miguel Escalona Quesada (Desde mi recuerdo) y Carmen Jiménez Madrigal (Historia de una niña Perdida)".
 
“Tratándose de un cómic –añade Carlos-, también era fundamental la documentación gráfica, las fotografías de época, sobre todo las que se encuentran en el Archivo Temboury o documentales como La liberazzione di Malaga el Bethune de Brittain. He procurado que la ambientación fuera fiel a la época y que el paisaje que aparece en el comic fuera reconocible por todos cuantos le conocen. La Nacional 340, de Málaga a Almería, escenario principal de esta historia, poco tiene que ver con la carretera del pasado, pero aún se conservan pequeños tramos de la antigua carretera y allí he situado muchas de las escenas”.
 
Por increíble que parezca, este es el primer cómic largo al que se enfrenta Carlos Guijarro: “Tengo que confesar que he ido aprendiendo a hacerlo a medida que lo hacía. Pero algunas cosas si las tenía claras desde el principio. El cómic está dibujado con una doble tonalidad, en color y en escala de grises. Con el color he recogido las escenas situadas en el presente mientras que los grises y sepias nos trasladan a los hechos ocurridos en el 37. El viaje entre una y otra tonalidad tenía el sentido establecer una continuidad en los hechos, puesto que todavía hoy hay gentes que viven condicionados por lo vivido entonces, aunque hayan pasado 78 años. Por otra parte he procurado que los dibujos fueran lo más contenidos posible, sin el manierismo frecuente en los cómics, ya que el drama que se cuenta es en sí mismo es suficientemente expresivo”.
 
“Nuestra identidad es nuestra memoria”
En cuanto a la necesidad de recordar tragedias como esta, Carlos lo tiene muy claro: “Nuestra identidad es nuestra memoria y esto vale tanto para los individuos como para la sociedad. Una historia construida con olvidos es una historia fragmentada, necesariamente maltrecha, porque supone la exclusión de algún grupo social y el silencio de alguna voz. Y nadie puede reconocerse en una historia con vocación excluyente. En un caso como este, que implican crímenes de estado que ni siquiera una situación de guerra puede justificar, reconocer la injustica cometida y hacerlo social e institucionalmente, es el primer paso para poder superar los traumas derivados de la guerra civil”.
 
“Después de tantos años, se trata básicamente de una reparación moral a las víctimas y sus familiares –continúa Guijarro-. Las situaciones de injusticia no caducan, da igual que sucedan ahora o tengan 200 años, el reconocimiento de la injusticia, es decir su no justificación, es lo que permite dibujar la imagen de la dignidad del hombre, a partir de la cual no se puede hacer tolerable lo que no lo es. La memoria histórica, no solo no reabre viejas heridas sino que es lo único que permite cerrarlas. La ley de la Memoria Histórica, aún con sus limitaciones, debería haber contribuido a esa reparación moral, pero es una ley sin consenso, una ley de facto Derogada”.
 
“Somos el país del mundo, después de Camboya, con más muertos perdidos en las cunetas. En este sentido, la amnesia española es una anomalía en occidente y eso hace que viejos traumas y viejas heridas sigan latiendo, transmitiéndose de generación en generación. Cuando me plantee el final del cómic, me di cuenta que no podía cerrarlo, porque la herida sigue abierta. Se habla de que son necesarias tres generaciones para superar los traumas derivados de la Guerra Civil, a este paso, y mientras el silencio continúe, vamos a necesitar unas cuantas generaciones más. Si algo se debe reivindicar en esta historia es el valor de la memoria, la memoria es la principal y casi única arma que tiene la victima frente a la injusticia”.